Notas de viaje

"La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren."

Francis de Croisset


lunes, 18 de febrero de 2013

ETERNAMENTE AGRADECIDO






Mi Padre nació en tiempos revueltos, en el verano de la postguerra, en el seno de una familia humilde, en una casa sin paredes. Desde muy joven cumplió con su destino: el poner su capacidad de trabajo al servicio de los demás. Mi Padre convirtió su vida en un continuo madrugón, primero para servir a la familia de su padre y más tarde para crear y sacar adelante a su propia familia.
Sus principios eran básicos, elementales; y sus férreas convicciones, constituían la columna vertebral de sus actos proporcionándole a su vida un soporte y una integridad sin fisuras ni debilidades. Como Boxer, el sacrificado caballo de tiro de la excelente fábula política “Rebelión en la granja”, tenía una máxima con la que respondía siempre ante cualquier situación que a cualquiera nos hubiera hecho flaquear y abandonar toda convicción de que el esfuerzo individual responde a un bien colectivo, y esta era simplemente: trabajaré más duro.
Su pasión éramos nosotros, su familia, principalmente mi madre, la religión y el F.C. Barcelona. Los tres pilares sobre los que cimentaba su existencia. Si las fuerzas flaqueaban estaba la religión como inyección. Si era la Fe la que se tambaleaba, la familia era la fuerza. Y mientras tanto, entre fatiga y fatiga,  siempre había un partido de su Barça que le permitía recuperar el aliento.
Dándole trabajo duro al trabajo, transcurrió su vida, consiguiendo el propósito de sacarnos adelante con el impulso necesario para que pudiéramos controlar nuestro propio porvenir. Y fue así que decidió parar, decidió que ya era el momento de retirarse a descansar. Entonces fue cuando olvidó recordar… Justo cuando se disponía a coger aire y disfrutar de aquellas cosas sencillas que no pudiera realizar en su atareada vida, lo visitó un señor con nombre alemán, que fue consumiendo su memoria hasta degradar de forma progresiva su existencia. Otra vez había que trabajar duro para ralentizar, lo máximo posible, la vertiginosa y cruel degeneración, manteniendo izada la bandera de la dignidad. De nuevo, trabajar y luchar, hasta el final.
Hasta hace apenas unas semanas, pasábamos algunas tarde paseando del brazo y charlando de cosas incongruentes y hasta fantásticas a veces, como un niño y su padre, sólo que con los roles cambiados. Nos sentábamos mirando al mar y cogidos de la mano, le decíamos adiós al tímido Sol de invierno.
Una mañana de febrero, su maltrecho cerebro y su corazón cansado se apagaron para siempre. Se fue a descansar por fin, en paz. El creía en la otra vida, en la que se encontraría con aquellos que apreciaba y que habían emprendido el camino antes que él. Si tenía razón, sin duda estará allí con Tino y Róber, sus amigos, las personas con las que compartió la que posiblemente fue una de las etapas más felices de su vida. Y así entre partida y partida de subastado, espero que pueda asomarse a la ventana de la existencia y observar y sentirse orgulloso de aquello por lo que más duro trabajó: Nosotros. Yo por mi parte lo estoy, orgulloso de él y eternamente agradecido.

jueves, 4 de octubre de 2012

El estado de las cosas



Se acabó el verano pero no las rebajas. Llegó la época de los recortes salariales, de los recortes de las libertades individuales y colectivas, de los recortes del poder adquisitivo, etc., etc., etc. Y lo que está por venir porque la situación irá a peor, como se indica en la página 262 del Manual de lo Que no se Debe Hacer en Tiempos de Crisis, grueso volumen que se puede encontrar colgado de un alambre a la vera de los señoriales inodoros de los excelentísimos y celeberrísimos Señores Ministros de la Nación Grande y Libre.
Yo no pido riquezas. Me conformo con ser hormiga en un mundo dominado por cigarras. Sólo pido un salario digno que permita vivir sin agobios, un trabajo enriquecedor, con horario “europeo” que permita conciliar la vida laboral con el ocio, salir, beber, el rollo de siempre… y de vez en cuando poder realizar un viaje, para poder conocer otros lugares, otras culturas y otros pueblos de hormigas con las mismas inquietudes e instalados en un estado de cosas similar o peor al nuestro. Todo lo anterior debería ser un derecho para todos, y no un privilegio para unos pocos. Mi conciencia de hormiga obrera no pide más. No es poco, lo sé, y que hay ciudadanos que lo están pasando peor que yo, también lo sé, y no me quejo, pero eso tampoco me vale, como no me vale el pienso una vez que me he acostumbrado al caviar.
La clase dominante se equivoca, cegada por su avaricia y por sus ansias de poder y riquezas. El actual estado de cosas lo sustenta la clase media acomodada de perfil neo burgués, en la que me encuentro afiliado (decir otra cosa sería mentir) y es precisamente ese sustento al que están atacando con mayor fiereza, sin darse de cuenta de que si las obreras caen, la reina también porque si no hay quien trabaje, y no hay quien consuma, el sistema se desquebrajará y la reina se quedará sin reino y tendrá que trabajar o devorarse a otras reinas germanas, británicas o norteamericanas.
Mi utopía es la autogestión, la ausencia de gobierno, el reparto equitativo de la riqueza, el uso racional de los recursos naturales, la supresión de las fronteras, un mundo feliz universal en el que quepan todas las culturas, razas pero sin Dios. El capitalismo ha fracasado. El imperialismo ha fracasado. Vivamos en igualdad y en verdadera libertad, porque estamos de paso. Vivimos de alquiler en un mundo que no nos pertenece, y si nos devoramos los unos a los otros, nos extinguiremos y no quedarán más que vestigios de nuestra existencia mientras que la Tierra prevalecerá… Sólo espero que haya vida inteligente en otros mundos, porque lo que es en este no hay ni rastro.

lunes, 20 de agosto de 2012

Noruega: la antesala del invierno y III. Los fiordos


Desde Bergen tomamos un tren que con extrema puntualidad nos condujo a Myrdal. En un apeadero entre montañas de cumbres nevadas, nos subimos al Flamsbana o tren de Flam, una obra de la ingeniería que tiene el privilegio de ser el tren convencional que transcurre por la vía con mayor porcentaje de desnivel del mundo. En apenas 20 km, descendemos desde 845 m de altitud, hasta el nivel del mar, entre espectaculares laderas, pintorescos pueblecillos y numerosas cascadas ubicados en un paisaje de encanto. Al final de la línea se encuentra el curioso y turístico pueblo de Flam, con su puerto de partida y escala de numerosas embarcaciones destinadas a mostrar la maravilla natural de los fiordos.
El barco nos condujo desde Flam a Gudvangen, en dos horas de recorrido a través del Aurlandsfjorden y del Naeroyfjorden, dos de los más estrechos y espectaculares fiordos, “afluentes” del gran Sognfjorden. Al inicio de la travesía el sol no quiso faltar a la cita, pero poco a poco las nubes lo amordazaron, permitiendo el filtro de una luminosidad suficiente para dar al paisaje las pinceladas justas de luces y sombras, creando un cuadro sobrecogedor en un marco incomparable.
El mar es verde turquesa, las montañas, altísimas moles de paredes verticales tapizadas de verde o desnudas de gris, el mismo color del cielo. Entre los dientes de esa sierra, caen al vacío hilos de agua procedentes del deshielo y en la base se suaviza en verdes valles con núcleos de casas, cuya existencia es imposible de imaginar durante los largos y duros días de invierno. En la cubierta del barco desearías tener visión periférica de 360º, pero desistes y te sientas atónito fijando la vista en alguna dirección, luego en otra, casi insensible al frío que se puede sentir al navegar por el ecuador de una tarde del mes de agosto.
Todo llega, y el fin no es una excepción. Echando la vista atrás, al estrecho desfiladero de roca y agua salada, montamos en el autobús que nos dará la última muestra de Noruega en forma de cáscara de nuez, a través de carreteras sinuosas que recorren valles glaciares, bosques y lagos…
De vuelta al tren que nos conduce a Bergen, se termina nuestro breve pero intenso viaje, por una pequeña muestra de este país que disfruta del verano, preparándose para el invierno que siempre se aproxima.

lunes, 13 de agosto de 2012

Noruega: la antesala del invierno II. Fløyen - Rundemanen


A escasos 100 metros del mercado del pescado se puede tomar el funicular que asciende a Floyen, el balcón de Bergen. Una vez arriba te asomas a la panorámica de la ciudad, a unos 400 metros de altitud, contemplando el Byfjorden, el fiordo en el que se ubica, en su magnitud, allí hasta donde alcanza la vista.
Floyen es un lugar pintoresco ubicado en un macizo denominado Rundemanen, que alberga el “parque” de la ciudad, al que los lugareños acuden cada día a disfrutar del ocio al aire libre. Existen numerosas rutas de diferente longitud y dificultad para disfrutar de esta porción de los bosques de Noruega, todas perfectamente señaladas en paneles y en folletos que se promocionan en la oficina de turismo.
Una vez arriba, y tomadas las fotos de rigor sobre la bahía, seguir cualquiera de los senderos indicados, es adentrarse en una espesura de arces, abetos y demás coníferas que cubren un tapiz de musgo mullido del que parte una neblina que rodea al entorno con un manto de misterio y quietud. Conforme se asciende más, el macizo se desnuda y los árboles descienden por la ladera, como cortinas que se abren descubriendo una ventana infinita hacia el mar y la tierra disgregada en numerosos fragmentos se fije la vista en la dirección que sea. Al otro lado el imponente macizo granítico, suda agua por numerosos poros, acostumbrado a rigores más invernales.
El paisaje lo completan numerosos lagos, vestigios presentes de nieves pasadas en otra época perpetuas, que en su nuevo estado configuran numerosos espejos en los que se refleja el verdor del bosque y el blanquiazul del cielo.
El círculo se completa, pero el sobrecogimiento te rodea, descubriendo en cada curva, en cada repecho, ladera o recodo un lugar de ensueño o simplemente una piedra en la que sentarte a escuchar el silencio.
De vuelta a Floyen, cansado de la caminata pero empapado de naturaleza, te sientas a contemplar incrédulo la ciudad a escasos metros, mientras esperas a que el Sol remoloneando, se meta en su cama de agua para poner fin a un día extraordinario.

domingo, 12 de agosto de 2012

Noruega: la antesala del invierno I. Bergen


Bergen es la segunda ciudad de Noruega después de la capital Oslo. Está ubicada en el suroeste del país, en la costa donde la tierra se disgrega en trozos de diferente tamaño, formando un caos de islas, islotes y penínsulas entretejidas por una maraña de fibras marinas que son los famosos fiordos. Desde el aire, esta zona a la insinuante luz del anochecer, muestra un paisaje sin igual revelándose como el aperitivo perfecto a lo que el viajero se va a encontrar.
Bergen, no es la típica ciudad nórdica (al menos en esta época del año) en cuanto a ambiente. Es animada y bulliciosa pero sin ser escandalosa, pero huele a invierno por los cuatro costados. El aire está impregnado del olor de especias, a una mezcla de curri y mostaza, pero a medida que bajas al puerto, la brisa del mar te asalta con su fragancia de sal y pescado. A pie de mar, se encuentra el mercado del pescado, con sus puestos de toldos escarlatas, donde el salmón, el bacalao, la ballena y el cangrejo rey son las estrellas y se pueden degustar a la plancha, ahumados, en bocadillo, etc. Dejando atrás el fish market, continuando la línea del muelle, se llega al Bryggen, una pintoresca línea de casas de madera adosadas que antaño fueron los almacenes de los seres y enseres de los pescadores y que en 1702, tras un incendio devastador, resurgieron de sus cenizas tal y como eran entonces para convertirse en el símbolo y orgullo de la ciudad. Bajo el amparo del mediático sello de la UNESCO, hoy albergan cafés y tiendas de artesanía y souvenirs.
Fuera de esta zona, y no muy lejos de ella, se puede huir del alboroto de los miles de turistas que la transitan a diario, y perderse por la esencia nórdica de Bergen. Son varios los barrios formados por entramados de calles adoquinadas, estrechadas por casitas de madera de colores variados. En sus esquinas se detiene el tiempo y el silencio se adueña del espacio a escasos metros del bullicio, mientras puedes ver a algún vecino incrédulo de encontrarte fuera del meollo que te saluda educadamente.
En esta época del año la cantidad de luz es espectacular, unas 17 horas al día, que invita a la gente a disfrutar al máximo de la primavera tardía u otoño temprano (así es su verano), lo que se refleja en el sin número de actividades al aire libre que realizan los amables pero fríos noruegos: correr, andar en bici, patear por el monte, terracear, vida nocturna… aprovechando cada rayo de sol, mientras se preparan para la inminente llegada del invierno que se aproxima.