Notas de viaje

"La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren."

Francis de Croisset


martes, 16 de abril de 2013

El mapa de los sonidos de la memoria




Somos música. Las canciones son recuerdos sobre los que se construye la banda sonora de nuestra vida. La memoria nos puede jugar malas pasadas, convirtiendo las vivencias en imágenes de plastilina, que se deforman creando distorsiones de hechos y lugares, más y más moldeables si cabe, conforme avanza el tiempo. La música en cambio, queda permanentemente grabada a fuego en lo más profundo de ese abismo de misterio que es nuestro sistema nervioso. Aflora constantemente creando un estímulo. Es acción y reacción.
Tal vez podamos intentar recordar que hacíamos tal día como hoy hace exactamente un año, y lo consigamos, pero lo que es seguro es que si escuchamos una de esas canciones significativas presentes en un episodio importante de nuestra vida, enseguida experimentaremos un torrente de emociones y sensaciones que nos pueden hacer traspasar el umbral de las puertas de la percepción. Cada acorde acompaña a un recuerdo, a un sentimiento, dibujando la armonía de la experiencia que queda impregnada en el cerebro como una melodía que jamás se olvida.
Hay canciones que recuerdan a los veranos de la infancia, o a los primeros amores, y su reproducción es un torrente de cálida brisa, salitre y piel mordida por el sol que permite rescatar los latidos de la inocencia perdida; otras son el suspiro del despecho, anhelo y frustración. Las hay que guardan el sabor amargo de la ausencia, otras el desconsuelo del llanto y el dolor por la pérdida quedando impregnadas por un halo de tristeza eterna, pero todas ellas son los trazos que tejen el mapa de los sonidos de la memoria. Todas ellas rumian libremente en el subconsciente, tarareando las notas que dan forma a la nostalgia y cuerpo a la melancolía.
Hay quien colecciona fotografías para conseguir la inmortalidad de los sucesos más señalados, yo, además, colecciono canciones.

lunes, 18 de febrero de 2013

ETERNAMENTE AGRADECIDO






Mi Padre nació en tiempos revueltos, en el verano de la postguerra, en el seno de una familia humilde, en una casa sin paredes. Desde muy joven cumplió con su destino: el poner su capacidad de trabajo al servicio de los demás. Mi Padre convirtió su vida en un continuo madrugón, primero para servir a la familia de su padre y más tarde para crear y sacar adelante a su propia familia.
Sus principios eran básicos, elementales; y sus férreas convicciones, constituían la columna vertebral de sus actos proporcionándole a su vida un soporte y una integridad sin fisuras ni debilidades. Como Boxer, el sacrificado caballo de tiro de la excelente fábula política “Rebelión en la granja”, tenía una máxima con la que respondía siempre ante cualquier situación que a cualquiera nos hubiera hecho flaquear y abandonar toda convicción de que el esfuerzo individual responde a un bien colectivo, y esta era simplemente: trabajaré más duro.
Su pasión éramos nosotros, su familia, principalmente mi madre, la religión y el F.C. Barcelona. Los tres pilares sobre los que cimentaba su existencia. Si las fuerzas flaqueaban estaba la religión como inyección. Si era la Fe la que se tambaleaba, la familia era la fuerza. Y mientras tanto, entre fatiga y fatiga,  siempre había un partido de su Barça que le permitía recuperar el aliento.
Dándole trabajo duro al trabajo, transcurrió su vida, consiguiendo el propósito de sacarnos adelante con el impulso necesario para que pudiéramos controlar nuestro propio porvenir. Y fue así que decidió parar, decidió que ya era el momento de retirarse a descansar. Entonces fue cuando olvidó recordar… Justo cuando se disponía a coger aire y disfrutar de aquellas cosas sencillas que no pudiera realizar en su atareada vida, lo visitó un señor con nombre alemán, que fue consumiendo su memoria hasta degradar de forma progresiva su existencia. Otra vez había que trabajar duro para ralentizar, lo máximo posible, la vertiginosa y cruel degeneración, manteniendo izada la bandera de la dignidad. De nuevo, trabajar y luchar, hasta el final.
Hasta hace apenas unas semanas, pasábamos algunas tarde paseando del brazo y charlando de cosas incongruentes y hasta fantásticas a veces, como un niño y su padre, sólo que con los roles cambiados. Nos sentábamos mirando al mar y cogidos de la mano, le decíamos adiós al tímido Sol de invierno.
Una mañana de febrero, su maltrecho cerebro y su corazón cansado se apagaron para siempre. Se fue a descansar por fin, en paz. El creía en la otra vida, en la que se encontraría con aquellos que apreciaba y que habían emprendido el camino antes que él. Si tenía razón, sin duda estará allí con Tino y Róber, sus amigos, las personas con las que compartió la que posiblemente fue una de las etapas más felices de su vida. Y así entre partida y partida de subastado, espero que pueda asomarse a la ventana de la existencia y observar y sentirse orgulloso de aquello por lo que más duro trabajó: Nosotros. Yo por mi parte lo estoy, orgulloso de él y eternamente agradecido.