Notas de viaje

"La lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren."

Francis de Croisset


miércoles, 22 de febrero de 2012

RETROSPECTIVA


Como cada cumpleaños se me da por hacer un alarde de memoria histórica y hoy, echando la vista atrás, me asomo al precipicio de los 37 febreros, para observar atónito el brutal choque de trenes, entre el moderno convoy de líneas aerodinámicas que constituye el vertiginoso desarrollo tecnológico y el trenecito de vapor, regional, que más que avanzar involuciona, formado por cientos de vagones maltrechos que pierden a cada paso parte de la carga constituida por las conquistas sociales, por las que, hasta no hace mucho, por instaurarlas, tantos y tantos han muerto.
Desde el 75 hasta hoy, cuanto hemos cambiado. Hemos conseguido instalarnos en un estado de bienestar con comodidades y artefactos concebidos en las mentes visionarias de los grandes de la ciencia ficción. Pero en el fondo ese bienestar no es más que una cortina de humo que oculta la materialización de los sueños febriles de las principales novelas distópicas de principios del siglo XX. Somos votos. Números al fin y al cabo, con una misión que es mantener el status quo de unos pocos. Ser pilares de un sistema cuyo modelo es obsoleto. Pero lo aceptamos adormecidos porque hemos probado las mieles del estado del bienestar, y nos resistimos a despertar a pesar de que la ración de alpiste, es cada día que pasa más escasa.
Los problemas de la calle, son los mismos de siempre: el paro, la represión, la violencia de género, los esclavos, los amos, los curas y un largo etcétera, que en la mayoría de los casos, lejos de mejorar, empeoran haciendo cada vez más grandes y profundas nuestras miserables tragaderas. Al mismo tiempo son más y más las cosas que se ponen a nuestro alcance, herramientas poderosas que nos hacen la existencia más llevadera y útil, lo malo es que los gobiernos, aunque consiguen adaptarse a los tiempos, no quieren cambiar sus retorcidas mentalidades neo-burguesas, poniéndose al servicio de los mercados y el capital, y despreciando y robando a los ciudadanos que los sustentan.
Ya lo decían los Monty Python, en la genial película: Monty Python and the Holy Grail (Los caballeros de la tabla cuadrada en España) estrenada precisamente el 3 de Abril de 1975, cuando hablaban de la violencia inherente al sistema, un sistema que no puede pretender ostentar el supremo poder ejecutivo porque una furcia natatoria le tiró una espada. No vale todo. En fin, sólo nos queda esperar, que en los tiempos venideros, alguna bruja nos convierta en grillos, para así, poder mejorar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

En el Balcón


Se acaba el año. Es el momento de los resúmenes, de los balances, del último cigarrillo, de la última dieta hipercalórica, de apuntarse al gimnasio. Parece que el hoy no cuenta, que se cierra la puerta, haciendo borrón y cuenta nueva esperando que las inmundicias que escondimos debajo de la alfombra desaparezcan al tiempo que, cara a la pared, contamos uno, dos y… tres. Esto aunque es un convencionalismo, se ha pasado por nuestra cabeza en más de una ocasión llegados a estas fechas, acabando todos los despropósitos y promesas de ser mejores personas, dentro de un saco roto.
A estas alturas, yo, como ser mundano que soy, me asomo al balcón del año que acaba y repasando las andanzas de los últimos doce meses, puedo concluir que no se si he conseguido ser mejor persona, pero lo que si se, es que he vivido, que le saqué partido al tiempo en lo bueno, que ha sido mucho y en lo malo, que no ha sido tanto. En el año que se acaba, ha visto materializarse sueños imposibles de un niño que empezaba a descubrir lo que era el mundo. He visto construir un “Muro” de acordes y palabras, entre la nebulosa de la vista empañada y la carne de gallina. He subido a una ciudad entre nubes ancestrales cargadas de historia. Sentí la alegría de ser pobre caminado por inmensas avenidas y por intrincados caminos al otro lado del mundo. Me he sentido músico. Me he indignado ante la incompetencia empresarial, al saborear el polvo del despido y el desempleo, sin perder la esperanza, sobre la que, agarrado como un naufrago, fui conducido a una “isla” habitada por ilusión y nuevos retos. Son tiempos de cambios, dicen…
Hoy contemplo la noche oscura e intuyo el año que amanece con la misma calma que despido a su predecesor, pero no sin cierta nostalgia. Somos reos, que asomados al abismo del patíbulo, recibimos una tregua indefinida que mantiene abiertas las puertas de la incertidumbre, pero nos permite vivir y saborear cada instante que se nos ha regalado. Por supuesto me gustaría poder cambiar algunas cosas, pero por desgracia hay circunstancias que hoy por hoy no tienen cura. Por lo demás, el año próximo, que me quede como estoy.

Salud

domingo, 13 de noviembre de 2011

Nuevas Mezclas o el extraordinario encuentro de la mermelada de fresa y la empanada de carne


La tradición es un lastre que únicamente hace engordar al gran Ente social que hace aflorar al conservador que llevamos dentro, y que hace que se giren hacia nosotros cientos de ojos acusadores, cada vez que nos desviamos de la senda marcada por la impoluta moral de la masa. 
Tal vez un solo hombre no pueda cambiar el mundo, pero la historia está plagada de pequeños gestos, símbolos o actos que cambiaron el transcurrir de las cosas para bien o para mal. Personajes estigmatizados prematuramente, o simplemente incomprendidos, a los que finalmente el Padre Tiempo les ha otorgado la razón, absolviéndolos de su inoportuno descaro de adelantarse a su tiempo, rompiendo las reglas escritas en rectos renglones por las firmes manos de los Amos.
Hay que rendir homenaje a los innovadores, a los descarados, y promulgar su figura como motores del engranaje que mueve el mundo. Reconocer su valentía y su férrea fortaleza mental que les lleva a dar el salto cuantitativo y contra corriente, y ante la mirada atónita de sus anodinos congéneres, consumar el revolucionario e insignificante paso de mezclar la mermelada de fresa con la empanada de carne.
Éste, hoy por hoy, no parece más que un acto de retorcida extravagancia, pero el futuro hablará y dará las razones que quitan las estrechas miras de la sociedad contemporánea. Debemos romper una lanza y alzar nuestro grito en favor de los pioneros y agradecer sus altruistas gestos. Incomprendidos del mundo, unidos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El último trayecto

Hoy se cierra el círculo. Cuando haya completado el último repecho del viaje emprendido un lluvioso día del mes de octubre del año 2008, el motor se apagará y descansará en el recuerdo, se mirará en el imborrable espejo de la memoria y será historia para siempre.
En el arcén quedan nervios, incertidumbre, retos, metas y obstáculos. He cosechado éxitos y recogido decepciones, pero por encima de todo me llevo el maletero lleno de los múltiples pedacitos de humanidad que he coleccionado durante los últimos tres años.
He conocido a muchas personas, unas han merecido la pena más que otras, y algunas no merecen ni siquiera semejante consideración, pero en líneas generales me voy con el sentimiento de ser querido y respetado, y eso es recíproco en muchos casos. Considerando este balance, el camino recorrido está justificado y más todavía cuando ha servido para el enriquecimiento personal y profesional.
Ahora llega el momento de la partida. Sin mirar atrás, pero sin ganas de olvidar, me preparo para recorrer el último tramo, que cierra un ciclo del que salgo con la conciencia tranquila, y la cabeza alta; y lo que es mejor, con la satisfacción del deber cumplido y con la dignidad y el orgullo intactos.
Las luces del día se apagan y muere la tarde en manos de la negra oscuridad de la noche. Sentado en la cuneta, aprovecho para retirar las piedras que el transcurrir de los años ha ido introduciendo en mis desgastados zapatos. Algunas se retiran fácilmente, son molestas vivencias que conviene desechar, pero la mayoría permanecen, incrustadas, recordando a cada paso que están ahí, configurando el puzzle de nuestra existencia que no es más que una sucesión de recuerdos imborrables. Se hacen necesarias sus pequeñas descargas de dolor, nos recuerdan quienes somos y de donde venimos.
Es tarde, y la lluvia me despide al igual que antaño me dio la bienvenida, no quiere faltar a la cita. La maleta está hecha y el equipaje cargado. El motor en marcha. Me dispongo a recorrer el último trayecto de autopista que me lleva al fin de una etapa, pero se que, aunque la madrugada sea húmeda y fría, nunca caminaré solo y en el camino nos encontraremos.

Hasta siempre, AMIGOS.

jueves, 20 de octubre de 2011

Apocalipsis ahora

Incendios, sequía, temperaturas superiores a 30 ºC durante varias semanas en pleno mes de octubre... el tiempo pasa y el otoño no llega. Adiós a las botas de goma, adiós a los abrigos, a las bufandas. Adiós a todo lo conocido. Adiós mundo cruel.

El lunes hemos estado en la Estación de Medición Beta. Bajo un sol de justicia totalmente anormal, que impreganaba de rojo las sombras con sus rayos de tintes apocalípticos, nuestro peores presagios se han cumplido. Hemos detectado un número inusual de pájaros muertos, que supera en 17 puntos los valores más pesimistas indicados por el Percentil 50. Algo anómalo está ocurriendo. Nuestros sensores de temperatura no proporcionan datos más esperanzadores. Los registros muestran una inversión térmica, entre el valle y la cumbre, de hasta 23 ºC. Los puntos de control metrológico vía satélite, guiados por GPS, han dejado de funcionar coherentemente proporcionando medidas “Overrange”. Todos. De forma simultánea.
Tras dos días de espera y aislamiento, recibimos las lecturas de las otras estaciones de medición. Los datos son similares a los recogidos por nosotros, la redundancia no ha fallado, por lo que nuestros peores temores se confirman... algo anómalo está sucediendo, el panorama es cuando menos descorazonador. El futuro es inquietante.

Los he visto prepararse esta mañana. Ellos lo desconocen, pero yo se que están acechando. Supongo que una vez organizados, intentarán dar el asalto definitivo. Es cuestión de horas. En el fondo envidio su estructura social, su organización sin fisuras; sin cuestionarse nada que los aparte de su objetivo principal.

Ahora, mientras espero, cae la noche y no se cuanto podré resistir. Mi compañero no ha regresado de la última ronda y la comunicación entre nosotros y el exterior se ha interrumpido. Ahí fuera sólo hay estática, silencio y sombras. Oscuridad... se acerca un Nuevo Orden, un Nuevo Estado de Cosas.

Los sistemas de contención han fallado, produciéndose el escape que ha comprometido la seguridad. Están dentro del Sistema. No hay duda. Es demasiado tarde para mi, pero espero que los mecanismos de purga hagan su función. Esto es una llamada de emergencia. Si lo estás leyendo es que no ha funcionado. Silencio, aquí vienen. Ya no me queda t


 

lunes, 26 de septiembre de 2011

20 años


He emprendido un nuevo viaje. A diferencia de los anteriores, esta vez el camino ha sido corto. No he visitado lugares extraños, ni exóticos, ni lejanos, pero si he vuelto a caminar por las sensaciones, y los sentimientos han vuelto a aflorar prácticamente sin salir de casa. Alguien con buen criterio, podría pensar en alguna ensoñación psicodélica, resultado de un paseo por un frondoso bosque psicotrópico. Podría ser, y es por ello que hoy quiero hablar sinceramente. Nunca antes lo había hecho público, pero creo que ha llegado el momento de quitarse la venda de los ojos y reconocer aquello que aun pareciendo evidente, no es fácil de asimilar y proclamar abiertamente: soy adicto.
Hace más de 20 años, siendo un chaval inconsciente e insensato, decidí perder la cordura y beber de las fuentes de un mundo de éxtasis y profunda experimentación, que enseña sensaciones sin igual. Instalado en los efluvios reminiscentes de la primera dosis consumida una mañana de mayo del año 91, decidí traspasar la línea, no detenerme, y seguir consumiendo. Conforme pasaba el tiempo, la exigencia y la necesidad fue aumentando hasta hacerme desarrollar una fuerte dependencia de la que todavía no he conseguido salir. En todos estos años ha habido buenos momentos y momentos menos buenos. También ha habido malos viajes que han hecho reconsiderar todo, llegando al punto de casi abandonar el camino emprendido. No he podido.
Por si esto no fuera poco, en los últimos cuatro años he visto como mi dependencia se hacía más fuerte, gracias a las extraordinarias experiencias que he compartido con cuatro tipejos, que ahora son mis incansables compañeros de viaje, con los que deseo seguir enganchado muchos años más a pesar de las diferencias que pudieran existir.
He probado el veneno y he sido embriagado hasta tal punto que necesito cada dosis como una catarsis, para exorcizar los problemas y resurgir libre. El naufrago necesita un madero al que agarrarse.
Llegados hasta aquí, sería de miserables no recordar y no agradecer ni reconocer a la persona que me ha acompañado incondicionalmente durante estos 20 años, en el subidón del “éxito” y en la profundidad del abismo, y que me ha guiado y reconducido, con su mesura y su equilibrio, por el tortuoso camino lleno de piedras. Ella es parte de todo esto, es mi dosis de cordura, mi antídoto.
En definitiva, estoy enfermo, pero que nadie se sorprenda, por no querer curarme. Podéis juzgarme y condenarme, la “historia me absolverá” porque yo, no puedo dejar el Rock.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Desde las trincheras

Tras la vuelta a casa el viajero se quita las ropas ajadas y se sacude el polvo de las vivencias para satisfacer la curiosidad de un sinfín  de pacientes interlocutores. Poco a poco los pies vuelven a la tierra y las emociones de los recuerdos dejan paso a la realidad cotidiana. El reencuentro con familiares y amigos es un estímulo que gratifica y magnifica el trámite del regreso. La transición perfecta entre el onírico ensueño del viaje y la fría puñalada de la vuelta a la vida real. Despierta.
En la ausencia, el tiempo no se detiene, pero los asuntos y preocupaciones apartados durante la escapada, tampoco desaparecen. Esperan, y en el peor de los casos aumentan. Son como pececillos que quedando al cuidado de un pariente, han sido alimentados en exceso, solo que en lugar de morir y emprender el último viaje al nirvana en forma de inodoro, estos engordan y engordan y al despertar en la realidad cotidiana explotan sin que aun haya habido tiempo para desperezarse.
Ahora llega el momento de trazarse metas, objetivos que permitan recorrer con ilusión los largos días de tedio semanal. Cada día debe de ser un reto que motive a abandonar la cálida textura de la sábana, cuando todavía no han muerto las últimas estrellas en el cielo. Sin ilusión no hay esperanza y sin ésta no hay vida.
A mi a veces me cuesta.